Sonó
el disparo de partida: en fracción de segundos su bien entrenado cerebro
dio la orden apropiada y un fuerte y rápido flujo sanguíneo recorrió sus
poderosos músculos extensores.
La
cadencia del movimiento y el ángulo sincrónico de la parte superior de su
pierna en cada impulso, rallaban la perfección definida por los cánones de la fisiología
y la biomecánica.
Cruzó
la meta en primer lugar, después de pulverizar el cronometro.
Aunque
estaba acostumbrada a cruzar la meta sin mirar la espalda de nadie, esta vez
era diferente, no solo porque había alcanzado una mayor velocidad de punta
sobre la pista, sino que también estaba comandando patines para hielo, en lugar
de los acostumbrados patines sobre ruedas.
Paradójicamente
al principio, su cerebro había comprendido muy bien, que solamente necesitaba
cumplir con el rendimiento fisiológico acostumbrado en el ejercicio del
patinaje sobre ruedas, para obtener un resultado equivalente en el patinaje
sobre hielo, pero fue su psique la que había creado una barrera imaginaria excusándose
en el factor cultural, impidiendo lograr los resultados esperados en
competencia.
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